Experiencias de un mentor de base tecnológica y digital

AUTOR | Rafael García del Poyo. Mentor de la Red de Mentores de Madrid. Socio Responsable del Área de Digital Business de Osborne Clarke en Madrid

Un día gris de febrero de 2013 conocí a Consuelo Serrano del gabinete de Comunicación de madri+d. Coincidimos en la Jornada de la Red de Mentores de Madrid que tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes porque Julio Rodríguez Díaz, de Avanda Consultores, me había invitado a participar en una de las mesas redondas organizadas para sazonar la Jornada.

Al final de mi intervención me invitó a escribir un artículo para el Notiweb de madri+d, en el que hablase de mi experiencia como mentor, haciendo hincapié en la visión tan positiva que transmití sobre mi proceso de incorporación a la Red, sobre lo mucho que había aprendido de los emprendedores a los que había apoyado y que, si me parecía oportuno, hiciera alusión a que –aunque no sé muy bien qué significa- “mis mentorizados son emprendedores de base tecnológica y digital”, instrucción que ahora mismo estoy ejecutando fielmente…

Así que como no me cupo sino aceptar el ofrecimiento, me veo en la tesitura de contaros una breve historia que comenzó en el Vivero de Empresas de San Blas cuando Javier Pemau y Pepe Cuesta (dos históricos del emprendimiento tecnológico) decidieron unilateralmente proponer mi nombre a Julio Rodríguez Díaz para que me convirtiese en “mentor”. Debo confesaros que como estudié con los Escolapios, eso de “mentor” me sonaba a algo muy importante, porque me recordaba a San José de Calasanz cuando en el himno que cantábamos de pequeños en el día de la fiesta del colegio nos referíamos al santo como “mentor de juventudes”. Así que aunque no sabía muy bien dónde me metía, acepté “religiosamente” la propuesta.

No sé a quién engañé, pero al cabo de unos meses me comunicaron que me habían seleccionado como mentor de la Red y que pronto me darían una breve formación que ciertamente me sirvió para actualizar el concepto de mentor que guardaba de mi época calasancia. Así que los de Avanda Consultores me dieron la formación prometida y me presentaron a mi mentorizado -ahora mi amigo- Jacobo van Leeuwen (emprendedor, con mayúsculas, y español, aunque no lo parezca) de la empresa Evicertia.

Los de Avanda me explicaron que el mentor orienta, provoca, inspira o sugiere “deberes” para que el mentorizado progrese en el desarrollo de su idea. Que el mentor siempre debe ser sincero y que una cosa es la delicadeza y otra no llamar a las cosas por su nombre, ya que puedes encontrarte con que el mentorizado va directo al abismo y debes ayudarle a que abra los ojos para que cambie el rumbo. No obstante, me insistieron en que el mentor no es un padre, sino un asesor externo -sin más interés que ayudar- que no gobierna al mentorizado, quien debe ser siempre libre de tomar la opciones y acciones que le parezca.

Con Jacobo me fue muy fácil trabajar desde el primer día y confieso que nos hemos visto para hablar mucho más de lo que nos habían pedido formalmente. Él siempre aceptó mi consejo y apoyo y yo, en justa reciprocidad, también recibí el suyo porque creo que yo fui tan receptivo como él en nuestro mutuo feedback y en las críticas constructivas. En suma, guardo un grato y cálido recuerdo de todo el proceso en el que juntos hemos sufrido y disfrutado.

Lo primero que le dije fue que una buena idea, o un producto novedoso no garantiza un buen negocio y mi deformación profesional como abogado, me llevó a advertirle de que es necesario crear procedimientos que puedan servir de guía para tomar decisiones adecuadas y evitar errores básicos, que van desde las relaciones y acuerdos entre socios, malas decisiones en cuanto a entradas de capitales, organización de la empresa, distribución de responsabilidades, etc.

Además, como nos caímos bien (pero eso hay que trabajárselo) nos facilitamos mutuamente contactos y participamos juntos en actividades profesionales fuera de la Red. Aunque yo soy consciente de que le motivé a investigar ideas que él ya tenía y a tratar de ponerlas en práctica, Jacobo inmediatamente estableció un plan por escrito que incluía los objetivos que pretendía lograr con el apoyo de su mentor.

Y puedo deciros que alcanzó todas las metas que él mismo se fijó, porque a Jacabo le adornan muchas virtudes entre las que, definitivamente, se encuentran la determinación y la iniciativa. Os confieso que, para mi demérito, yo conseguí muchas menos metas de las que me propuse pero os garantizo que la relación que establecimos cubrió todas mis expectativas acerca del programa.

Como la empresa de Jacobo (Evicertia) se dedica a los servicios de certificación electrónica, o sea, que cae de pleno en eso que ahora llaman empresa de base tecnológica y digital, nos dedicamos a reunirnos con todos aquellos que nos pedían saber si el producto de Evicertia era bueno (es buenísimo) y así “evangelizar” y despertar conciencias en el uso de medios de prueba electrónicos, algo que definitivamente beneficia a todos los que nos dedicamos a los negocios tecnológicos y digitales desde nuestras diversas disciplinas.

Y predicando y predicando, Jacobo ha conseguido conocer mejor su propio proyecto y, por mi parte, he avanzado en mis conocimientos sobre los aspectos jurídicos y de seguridad de los servicios de certificación ya que hemos analizado juntos aspectos muy punteros de protección de datos en situaciones muy particulares derivadas del cloud computing, firma electrónica desde dispositivos móviles, procesos de certificación y generación de evidencias electrónicas admisibles como prueba en sede judicial, o apps para la firma manuscrita dinámica biométrica para casos de firma digitalizada en ordenadores tipo tablet. Vaya tela ¿no os parece? Y eso que yo me había apuntado a esto de ser mentor para “ayudar a los demás”… Al final, creo que yo he recibido mucho más de lo que he dado.

En cuanto a habilidades, he aprendido a relacionarme con personas de otras disciplinas diferentes a la mía ya que Jacobo me incorporó de inmediato en el equipo que mantiene habitualmente reuniones de trabajo con otros profesionales como Notarios, expertos tecnológicos y de seguridad, etc. Por eso, definitivamente, pienso seguir apoyando a Evicertia en el futuro y, por supuesto, tengo la intención de continuar siendo mentor en otras ediciones del programa.

Y como todo es mejorable, pienso que el programa de mentoring podría haber sido más eficaz, posiblemente, haciendo obligatoria la asistencia a seminarios de formación (o simplemente reuniones sociales) de interés para todos los mentores y mentorizados de forma que se promueva más el networking y se cree un espíritu de pertenencia a “una promoción o a una comunidad” mediante el intercambio de ideas de conocimientos o de experiencias y análisis. El enorme esfuerzo realizado por todas las instituciones involucradas y por los intervinientes en este proyecto debe verse recompensado con una mayor intensidad en la relación entre todas las parejas creadas.

Y a los que ahora me leéis con la intención de formar “una pareja” (de mentoring), os pido que no os quedéis en las meras formalidades establecidas en el programa. Que vayáis más allá (“runthe extra mile”) y que procuréis dar continuidad a la relación surgida con nuevas ideas que ayuden a la “pareja” de empresarios y profesionales a aumentar los conocimientos técnicos y las habilidades personales, pues os servirán a ambos para enfrentaros con mayor grado de solvencia a las más diversas situaciones reales derivadas del tráfico mercantil habitual, en todo caso, aprendiendo a permanecer abiertos y flexibles ante otras argumentaciones razonables.

A mi juicio, esta iniciativa nos ha posibilitado que las parejas nos enriquezcamos mutuamente a través de la interacción personal de unos tipos de profesionales –tanto mentor como mentorizado- con extraordinarios conocimientos técnicos y con muchas ganas de compartirlos, sobre unas materias muy específicas en los que prima una visión eminentemente práctica. Creo que si hubiera que identificar una característica común a todos nosotros, este sería ciertamente el denominador común de la comunidad del mentoring.

Para acabar, permitidme haceros partícipes de una frase que Jacobo me dedicó en la evaluación que me hizo y que sirve para ilustrar el tamaño de su valía personal y profesional (por ese orden): “Rafael, espero haber estado a la altura y haré todo lo posible por devolverte el favor, y que puedas disfrutar con orgullo de mi propio éxito.” No tuve la oportunidad de contestarle, pero ahora lo hago públicamente: “Ya disfruto con orgullo del enorme éxito que representa verte pilotar tu propia nave cada día”.

Y, a todos los que habéis confiado en mí, gracias por haberme brindado la oportunidad de ser MENTOR.

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