¿Qué diferencias hay entre coaching y mentoring?

Cada vez utilizamos en castellano más y más palabras de origen inglés y en muchas situaciones me he dado cuenta que no somos capaces de comprenderlas, aún así asimilamos muchos de esos conceptos pero no conseguimos en muchas ocasiones trasladar su significado a nuestro propia lengua. Este juego de ideas mezcladas con el idioma se complica aún más cuando se trata de comparar dos palabras de reciente creación con conceptos que entrelazan sus significados, sus propósitos y sus técnicas, buscando en esta confrontación  encontrar y señalar diferencias y matices.

Uno de los principales problemas que surgen a los que se inician en estos vocablos como bien apunta Megginson y Clutterbuck es la confusión existente en las definiciones, particularmente cuando se describen intervenciones profesionales para ejecutivos que unos describen como coaching y otros lo hacen como mentoring. Es desde luego muy complejo y probablemente improductivo ponerse a deliberar sobre esto, sobre todo cuando lo que verdaderamente importa es la relación de desarrollo entre las partes y lo que esperan de ella los participantes.

De todos modos apuntan estos autores de una manera muy acertada lo siguiente:

El coaching tiene que ver en con la mejora del rendimiento de la persona que lo recibe. Normalmente tiene que ver con el corto plazo, y sobre todo en áreas específicas de habilidades. Las metas que se plantea el ayudado, o al menos las metas intermedias, son típicamente establecidas con o por el coach. 

Mientras el ayudado es el principal responsable de sus metas, el coach es el dueño principal del proceso de coaching. En la mayoría de los casos el coaching incluye retroalimentación directa externo (el coach reporta al ayudado que es lo que ha observado).

 El mentoring se refiere en primer lugar a la identificación y el cultivo del potencial de la persona al completo. Puede llegar a ser una relación a largo plazo, donde las metas pueden cambiar pero siempre las establece el ayudado.

El ayudado es dueño tanto del proceso como de las metas. La retroalimentación proviene de dentro del propio ayudado y el mentor como tal asiste a desarrollar en él una visión y le apoya para comprender mejor las cosas que suceden y necesita trabajar fomentando la observación interna del propio ayudado. Le fomenta diálogos para que se de cuenta de sus experiencias y saque de ellas sus propias conclusiones.

Al contrastar las vivencias de ambos, del mentor y mentorizado, se mejora la capacidad de interpretar y encontrar lecturas, patrones, aprendizajes, experiencias que le ayuden este último a madurar en la toma de decisiones.

En esta confusión que existe entre estos dos conceptos tiene mucho que ver el hecho de que las habilidades que debe tener un buen coach y un mentor se solapan. De cualquier manera y según el mismo Clutterbuck, ha identificado cuatro estilos de intervención del coach que los describe de forma tan sencilla como “decir”, “mostrar”, “sugerir”, “estimular”. Los coaches en su estilo de estimulador están desarrollando la función de mentor, utilizando su propia experiencia de hacer preguntas que permitan a los ayudados a mirarse a sí mismos y sacar conclusiones.

Los mentores tienen muchos más roles que los coaches y son papeles en los que remite la fuerza del coach y la función del mentor aparece con toda su intensidad.

Los mentores ayudan además a sus mentorizados a crear nuevas redes de contactos de quienes aprender y le pueden influir en su crecimiento. Un mentor funciona para el mentorizado como el tornavoz que se coloca encima de los púlpitos de las iglesias para que el que habla pueda escucharse a si mismo, amplificando los pensamientos del mentorizado y ayudándole a reflexionar sobre sus propias ideas y conclusiones. El mentor desempeña también una función de asesor respondiendo a la necesidad que todos tenemos en el ámbito profesional de un cierto soporte emocional, e interviene como consejero aportándole a quien aconseja sus propios puntos de vista basados en su experiencia y opinión, apoyándole en la toma de decisiones, y sin duda creo que el role más poderoso que desarrolla el mentor en términos de aprendizaje es el de comportarse como un ejemplo vivo o un modelo de quien aprender en diferentes situaciones reales.

Independientemente de las palabras que en nuestro día a día utilicemos, el verdadero desafío está en determinar el contorno del espacio de desarrollo con nuestro  socio en la relación. A partir de aquí déjate llevar como mentor y trata de aportar lo mejor de ti mismo como profesional. Como mentorizado toma la iniciativa y comienza a trabajar tu propio crecimiento.

El mentoring y el coaching son tan antiguos como la propia humanidad y cualquiera de nosotros lo hemos venido practicando de forma natural con nuestro entorno. En mayor o menor medida pienso que todos tenemos alguna habilidad para llevar a cabo la función, lo importante es que exista una genuina disposición a ayudar a otro y que el otro tenga la iniciativa y voluntad de trabajar por ello.

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